domingo, 25 de diciembre de 2011

Las diferentes maneras de entender el ocio

A menudo, tendemos a:    a) sobrevalorar la actividad utilitaria del ocio, de manera que si no estamos haciendo algo “útil” sentimos que estamos perdiendo el tiempo,     b) despilfarrarlo en actividades superficiales (ocio pasivo o de evasión) que no sólo no aportan nada significativo a nuestras vidas sino que más bien las empobrecen como, por ejemplo, atiborrarnos de tele o de comida o un exceso de tiempo dedicado a dormir o a participar en actos o rituales de puro compromiso social,       c) volcarnos en un ocio demasiado consumista, en un intento de “comprar” la felicidad (artificial) que nos venden los múltiples reclamos publicitarios de nuestra sociedad.
Estoy totalmente de acuerdo a este respecto con Ramón Rosal, autor del libro “Qué nos humaniza, qué nos deshumaniza” en su reivindicación de un ocio “humanizador”, focalizado en educar la propia personalidad, en pensar, amar, crear, cultivar relaciones interpersonales profundas, que nos haga (re)descubrir las cosas importantes de la vida, recuperar la vitalidad perdida en el quehacer cotidiano, reavivar la ilusión de vivir, conectarnos con lo bueno, lo bello y lo justo, ayudarnos a formular las grandes preguntas de la vida, conocer las obras valiosas de otros seres humanos, etc. y, en suma, a hacernos más humanos y más felices.
Y, hablando de ocio de calidad, una recomendación muy especial para estos días: “The artist”, una película muda (textos escritos) pero con una sorprendente banda sonora y un magnífico trabajo de los actores que, en mi opinión, logra transmitir un mensaje mucho más profundo y emotivo que muchas otras películas habladas y con todo tipo de efectos especiales. Toda una lección de cine y una evidencia clara de que lo más importante no es el “medio” sino el “mensaje”, de que con poco (sin apenas diálogos, en este caso, y en blanco y negro) se puede hacer mucho y, a veces, con mucho (grandes medios tecnológicos pero pobre contenido) se puede hacer muy poco.

martes, 20 de diciembre de 2011

Tengo un problema porque tengo -o tuve- un problema

O “¿qué problema tengo para tener ese (otro) problema?” Es una explicación que a menudo buscamos para intentar resolver un conflicto interior o una conducta disfuncional y que, de esta manera, atribuimos unas veces a una característica negativa de nuestra personalidad y otras a unas circunstancias externas desafortunadas o a un pasado que nos marcó.

Ejemplo 1: “Me cuesta confiar porque soy una persona insegura (o tengo poca autoestima)”

Ejemplo 2: “He cometido muchos errores porque soy muy impulsivo/a”

Ejemplo 3: “Bebo demasiado porque mi pareja no me comprende (o porque tengo problemas en el trabajo)”

Ejemplo 4: “Me cuesta relacionarme porque, de pequeño, sufrí malos tratos”

Esas “respuestas” o atribuciones de causa-efecto nos pueden producir un alivio de nuestro malestar, aunque sólo sea temporal (explicar y poner nombre a las cosas nos da una sensación de control) pero …    a) Si bien, en algunos casos, nos pueden ayudar a buscar una solución, no son “la solución” al problema à entender cómo hemos llegado hasta donde nos encontramos no necesariamente nos llevará a cambiar la situación en el presente,      b) Podemos utilizarlas inconscientemente como una justificación para no responsabilizarnos de nuestra conducta y no cambiar nada,     c) Podemos alimentar la fantasía de que una comprensión de las causas “reales” del problema, nos evitará el esfuerzo que todo cambio exige, y/o que la “varita mágica” del terapeuta (o el “insight”, etc.) hará el trabajo por nosotros,      d) Un por qué siempre lleva a otro por qué y así podemos entrar en una cadena sin fin y pasar años haciendo terapia,       e) Las causas reales de las conductas suelen ser muy complejas y difíciles de determinar con exactitud, intervienen muchas variables incluso en los comportamientos más sencillos y es muy improbable que lleguemos a conocerlas todas,     f) Aunque muchas conductas tengan su origen en el pasado, a menudo se mantienen en el presente por motivos diferentes al original.

La alternativa a buscar la causa, el “por qué”, consiste en pasar de:  1) una orientación al problema (“¿por qué…?” lo cual, en el mejor de los casos, sólo unos llevará a una comprensión puramente intelectual) a una orientación a la solución (“¿cómo puedo /qué puedo hacer para superar ese problema?” lo cual sí nos llevará a hacer algo diferente, a acciones concretas para promover un cambio),    2) un enfoque centrado en el pasado a un enfoque centrado en el presente (a través del presente, además. si lo observo en profundidad, aflorará también el pasado en la medida de lo necesario para entender lo que haya que entender, es decir lo esencial)

domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Necesito realmente ayuda psicológica?

¿O lo que me pasa es una tontería, lo puedo solucionar de otra manera, etc.? Es una pregunta que muchas personas se formulan antes de decidir si consultan o no a un/a psicólogo/a. En mi opinión, muy probablemente necesitas ayuda psicológica (o, al menos, te puedes beneficiar mucho de ella) si:
1)       Crees padecer algún trastorno psicológico concreto como, por ejemplo, crisis de ansiedad, agorafobia, depresión, hipocondría, obsesiones, fobias, etc.
2)       Sientes un malestar emocional o psicológico que te desborda y/o que te obstaculiza conseguir metas importantes en algunas áreas de tu vida, como por ejemplo, en el terreno laboral, afectivo, etc. O te impide tener paz interior y armonía.
3)       Sufres algún tipo de adicción
4)       Llevas tiempo intentando solucionar un problema (emocional, psicológico, afectivo, de comunicación con el entorno, etc.) y, hasta ahora, no lo has conseguido o lo has conseguido de forma insatisfactoria.
5)       Aunque no crees que tengas un trastorno psicológico, te encuentras desorientado/a, confuso/a o/y insatisfecho/a con tu vida actual y crees que te vendría bien un poco de orientación o guía para ayudarte a efectuar algunos cambios.
6)       Un profesional médico, psiquiatra, asistente social, etc. te ha aconsejado visitar a un psicólogo.
7)       Las personas de tu entorno más próximo, a las que quieres y respetas, te han aconsejado repetidas veces consultar a un profesional y, aunque tú no lo tengas del todo claro, reconoces que podría serte útil.
8)       Estás tomando psicofármacos para algún problema concreto, pero no estás del todo satisfecho/a con los resultados, los progresos se han estancado o/y te gustaría probar otros tipos de ayuda (por ejemplo, complementar la medicación con una psicoterapia)

sábado, 10 de diciembre de 2011

Inspirarnos en los grandes

  Aprender de aquellos que dieron (o dan) ejemplo, subirnos a los hombros de esos “gigantes” y vislumbrar el horizonte que hay más allá del espacio limitado que habitamos, saber de hombres y mujeres que lucharon –algunos duramente- en diferentes campos y momentos de la historia para que todos tuviéramos una vida más digna y fuéramos un poquito más humanos, escuchar sus valiosos mensajes, sentir y emocionarnos con ellos a través de los testimonios que nos han dejado en sus libros, en sus películas, en sus canciones, en sus obras, etc. aparte de ser una excelente manera de crecer y enriquecernos como personas, puede constituir también un antidepresivo natural más potente que el Prozac y otros sucedáneos.

  Podría, a modo de ejemplo –y podríais vosotros/as - citar muchos personajes, aportaciones valiosas desde la literatura, el arte, la psicología, la ciencia, la política, etc. pero… hoy un amigo me ha recordado algo muy especial: el discurso de Chaplin en la película “El gran dictador”, un discurso lleno de esperanza y que, pese al paso de los años –más de 70-, sigue conservando toda su frescura y vigencia, y quiero compartirlo con todos vosotros/as. Para los muchos/as que ya habéis visto la película, espero que os vuelva a emocionar, tanto o más que la primera vez, como me ha ocurrido a mí. Y para los que no hayáis visto la película todavía… dejaros sorprender por favor e impregnar de su profunda humanidad.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Profecías autorrealizadas

Una profecía autorrealizada es una predicción que, una vez formulada, es en sí misma la causa de que se haga realidad. O dicho en otras palabras es una definición falsa o deformada de una situación pero que promueve un comportamiento que la vuelve verdadera.
Ejemplo 1: Una persona tímida “predice” que si acude a una cena a la que le han invitado no despertará interés alguno o, incluso, le rechazarán porque le verán soso, aburrido y poco atractivo. Al acudir a la cena, con estas expectativas acentúa su timidez y se muestra poco hablador, rehúye el contacto e intenta pasar desapercibido. Es decir, se comporta “como si” su presencia fuera realmente poco grata para los demás. Como consecuencia de ello, los demás tampoco se acercan mucho a él (y si alguien lo intenta, él piensa que simplemente están intentando ser amables y se muestra desconfiado y reservado). De esta manera, ve confirmadas sus propias predicciones.
Ejemplo 2: Un estudiante piensa que, por más que se esfuerce, no va a ser capaz de aprobar estadística porque las mates se le dan muy mal. A consecuencia de ello, descuida el estudio de esta asignatura (en lugar de dedicarle más esfuerzo) y suspende.
Es un círculo vicioso que se alimenta a sí mismo. Una vez confirmada la predicción, uno queda atrapado en su propia trampa. La opción alternativa sería COMPORTARSE “COMO SI” fuera verdad justamente lo contrario. De esa manera, en el primer ejemplo la persona tímida se comportaría “como si” a los demás les agradara mucho su compañía, o sea se mostraría más relajado y más próximo a los demás. Y el estudiante inseguro “como si” fuera totalmente capaz de aprobar la asignatura, con lo cual estudiaría más y estaría más tranquilo y concentrado el día del examen. No estamos hablando de creer ingenuamente que podemos conseguir las cosas sólo con desearlas, pero sí que si uno cree que algo es posible moviliza fuerzas que le llevan en aquella dirección aumentando la probabilidad de un resultado positivo, y lo contrario si cree que no podrá.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Los ingredientes de la felicidad duradera en Aristóteles

Para Aristóteles, filósofo griego nacido en el año 384 a.C., la felicidad duradera o eudaimonia, consistiría en una mezcla de los siguientes “ingredientes”:     1) El equilibrio entre el exceso y el defecto, es decir, la moderación (con excepción de aquellos actos, como el asesinato, etc. contrarios a toda ética –o autodestructivos- y que nunca serán virtuosos o sanos). Y en aquellos casos en que no encontremos ninguna opción satisfactoria, se tratará de elegir el menor de dos males,      2) La tolerancia: somos libres de optar por esto o aquello, pero no de imponerlo a los demás,         3) El desarrollo pleno de nuestro potencial, que nos permitirá cumplir nuestro propósito en la vida,       4) La búsqueda de la realización interna a través de la práctica de las virtudes, el desarrollo íntegro de nuestro potencial, etc.       5) Combinar la contemplación (amor a la sabiduría) con la acción (sabiduría práctica): llevar una vida excesivamente teórica sería como aquellos enfermos que escuchan con atención a los médicos, pero no hacen nada de lo que les prescriben; por el contrario, la acción sin reflexión también lleva a muchos errores

jueves, 1 de diciembre de 2011

Hacer amigos

He aquí algunos consejos que pueden serte útiles:    1) Sal de tu rutina, haz cosas nuevas que impliquen algún tipo de contacto con otras personas: apúntate a grupos, cursos, viajes, cultiva tus aficiones, participa en redes sociales…     2) Considera el proceso de conocer gente como un experimento o una aventura y evita centrarte demasiado en los resultados,      3) Adopta un rol activo, no esperes que los demás te llamen o te propongan cosas, hazlo tú: organiza cenas, salidas, comunícate con tus amigos/as de forma regular…   4) Cambia la orientación de tu “brújula”: en lugar de focalizarte únicamente en ser interesante o divertido/a, interésate por los demás, escúchales, hazles sentir que son importantes,      5) Intenta ver al otro/a como un ser humano como tú, no como un/a juez,     6) Cuida tu apariencia, sonríe, intenta ser afable y positivo/a, trata de no abordar a los demás quejándote y cuestionando,       7) Procura ser sincero/a, honesto/a, respetuoso/a,        8) Utiliza las herramientas que te brinda la tecnología (Internet, etc.) para conocer gente, para informarte de actividades, para compartir: con mesura pero sin prejuicios.