viernes, 29 de junio de 2012

La peligrosa visión individualista del éxito y del crecimiento personal

 
Hay una visión individualista/ prepotente que valora mucho la “libertad” (o un determinado concepto de libertad),  muy vinculado a teorías, lemas (recordar el famoso “yes, you can”) y libros de moda (El secreto, por ejemplo) y que básicamente supone que cada uno de nosotros es “totalmente” responsable de su propio bienestar (psicológico y físico) y que tiene todo el derecho a buscarlo. En mi opinión, aplicado con mesura es positivo ya que estimula la superación individual, pero entendido demasiado al pie de la letra es un modelo de omnipotencia y de exaltación de la propia persona, que no quiere aceptar el dolor ni las cosas imperfectas ni las limitaciones naturales y que supone, entre otras cosas, que el bienestar colectivo se autorregulará por sí solo si cada uno de nosotros busca lo mejor para sí mismo, lo cual es verdad hasta cierto punto pues cuando el contexto ambiental aplasta al individuo, difícilmente podrá éste conseguir grandes cotas de felicidad personal o necesitará un esfuerzo titánico para ello. Y ahí quisiera mostrar un cierto paralelismo con la idea de capitalismo salvaje en que se supone que ha de primar la libertad de mercado, la iniciativa individual, etc., por encima de la justicia y el bien social, ya que de esta manera se autorregula el mercado de una forma “saludable” y “democrática” (aprovecho para comentar que creo que la palabra “democracia” es una de las palabras que más se ha ensuciado en los últimos tiempos)
  Frente a esta visión/ manera de hacer las cosas, podríamos anteponer una visión más “humanista/ ecológica” en que quizás no se busque tanto la exaltación del bienestar individual y, por el contrario, se persiga más la búsqueda de sentido y del bienestar colectivo/ global. El nivel de bienestar colectivo también aumentará el nivel de bienestar individual y lo hará más estable y, evidentemente, se creará un sistema más justo y solidario. Este modelo asimismo supondría que, a veces, también se le otorgue sentido a sacrificarse para otra persona, grupo de personas, o causa en la que se crea siempre que sacrificarse no suponga “autoinmolarse” o “autodestruirse”, es decir, poniendo límites razonables. En otras palabras, la búsqueda del bienestar individual no ha de estar reñida con la búsqueda del bienestar colectivo, y viceversa, sino que ambas se han de complementar y equilibrar. Y la conciencia de nuestros límites no ha de estar tampoco reñida con el sano deseo de superación personal.

lunes, 25 de junio de 2012

¿Podemos cambiar?


En un primer momento, me siento tentado a decir “sí, por supuesto”. Pero si me paro a pensar, veo que la respuesta no es tan sencilla y que exige algunas matizaciones:
1-    Depende de lo que pretendamos cambiar. Hay cosas que se pueden cambiar y otras que no. Hay cosas que se pueden cambiar hasta cierto punto pero no del todo, etc. Por ejemplo, no puedo cambiar el color de mis ojos ni la altura que mido. Tampoco, si soy introvertido puedo convertirme en una persona extrovertida, o viceversa. En otras palabras, no puedo cambiar el núcleo de mi personalidad. Ni hace falta que lo haga, pues cada uno de nosotros está “completo” en su esencia. El buey no tiene que convertirse en caballo, la rosa no ha de convertirse en amapola, yo no he de ser tú, ni tú has de ser yo. Cada cosa, cada persona tiene su lugar y su función en el mundo. Pero… sí puedo cambiar (o mejorar) muchas de las actitudes, creencias, formas de comportarme, etc. que he ido adquiriendo a lo largo del tiempo y que decido que no me hacen bien. Todo lo que se aprende se puede desaprender, al menos hasta cierto punto, quizás no del todo a veces, es cierto. Si, por ejemplo, uno de mis “defectos” es que soy demasiado perfeccionista, quizás nunca llegue a ser un “pasota” (ni debo serlo) pero puedo “equilibrar” esta forma de ser, relajarme, exigir y exigirme menos, al menos en cosas que no son tan importantes. Y lo mismo podemos decir de cualquier otra característica personal. Además, cada rasgo o característica tiene su lado positivo y su lado negativo, y no se trata tanto de “anularlo” como de hacer crecer la parte positiva e inhibir, en lo posible, la negativa. Es como cultivar un jardín: riego las flores y podo las malas hierbas. Pero, ¿qué pasa si sufro una depresión, tengo una fobia, etc.? ¿puedo cambiar esto? Y si lo cambio, ¿no volveré a tener recaídas? Bien, digamos que, en el mejor de los casos, puedo superar totalmente esta patología y, en el peor, puedo no superarlo al 100 % o/y sufrir algunas recaídas (por ejemplo, en momentos de mi vida en que sufra un estrés importante) pero como mínimo tendré, si sigo los pasos apropiados, muchos más recursos que antes para afrontar el problema cuando se presente y, con toda probabilidad, se presentará con mucha menos frecuencia e intensidad. Traducido a otro contexto, si por ejemplo, me rompo una pierna puedo curar el hueso roto y volver a andar, aunque en algunos casos pueda quedarme alguna secuela. A veces, hay tendencias de nuestra personalidad que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, pero al menos hemos de y podemos aspirar a una sensible mejoría. De no ser esto posible, la psicoterapia no tendría razón de ser, sería un fraude.

2-   Para cambiar se han de dar algunas condiciones:   a) que quiera realmente cambiar,     b) que utilice los medios o ayuda adecuados,      c) que le dedique el esfuerzo y tiempo necesarios.       Si falla alguna de estas condiciones, fallará todo el proceso. No es suficiente con que se dé alguna de ellas, se han de dar todas. Todos quisiéramos soluciones mágicas, pero en la vida real no las hay. Si antes, has intentado cambiar algo de ti y no lo has conseguido, antes de concluir que no puedes mira si ha podido fallar alguna de estas condiciones.

3-   Podemos cambiarnos a nosotros mismos (hasta un punto razonable, insisto y de acuerdo con lo expresado en los dos puntos anteriores) pero, la mala noticia (o buena, según se mire), es que no podemos cambiar a los demás (si ellos no quieren o no colaboran en el proceso): a lo sumo podemos, con nuestro comportamiento, aumentar la probabilidad de un cambio. Digo esto, porque se da la paradoja de que a veces pensamos justo lo contrario, y en ello podemos malgastar muchas energías inútilmente. Si los demás no cambian, hazlo tú y algo se moverá.

“Ah, pero ¿he de cambiar?” “y si lo hago, ¿no perderé mi esencia?, ¿no dejaré de ser yo?”, imagino que me preguntas a continuación. Bueno, de esto si te parece hablaremos otro día


miércoles, 20 de junio de 2012

Luchar contra el impulso de controlarlo todo

  A menudo (a unas personas más que a otras, es cierto), nos gustaría controlarlo todo, sentir que no se nos escapa nada y que, de esta manera, nada malo nos podrá ocurrir, ni a nosotros ni a nuestros seres queridos. Pero… eso no es posible y con esa actitud, agobiamos a los demás y nos condenamos a estar siempre desbordados.

Nos conviene:

-      Comprender que el mundo es imprevisible y que nosotros no somos omnipotentes, y que vivir (para bien y para mal) conlleva siempre una cierta dosis de incertidumbre e inseguridad (lo contrario podría ser también sumamente aburrido) y que más nos vale aceptarlo y tolerarlo: querer controlar lo incontrolable, aparte de ser absurdo, sólo nos llevará a la paradoja de un mayor descontrol.

-      Dejar de sobreproteger, de sobreplanificar y/o de querer siempre anticiparnos a todo tipo de contratiempos.

-      Aprender a aceptar los problemas como parte de la vida y verlos como lo que son: problemas (que hay que solucionar o aprender a convivir con ellos de la mejor manera posible) pero no como dramas inaceptables.

-      En suma, aprender a tolerar la frustración (de lo inevitable), a asir (lo bueno de la vida, lo que le aporta sentido, lo que nos hace crecer) y a soltar (lo tóxico, lo que nos hace daño o lo que ya se ha terminado o no podemos asir por más que nos lo propongamos)

Entradas relacionadas:    1) ¿Preocuparnos u ocuparnos?, ¿cavilar o reflexionar?, ¿comernos el coco o buscar soluciones?    2) Keledén, una manera más relajada de vivir la vida


viernes, 15 de junio de 2012

¿Preocuparnos u ocuparnos? ¿cavilar o reflexionar? ¿comernos el coco o actuar?

  La preocupación es, en la mayoría de los casos, una cavilación estéril que no nos conduce a la solución del problema ni tampoco a sentirnos realmente mejor. Otra cosa diferente es el análisis reflexivo, el ocuparse de algo. Podemos confundir ambas cosas pero no son lo mismo.

Cuando nos preocupamos, normalmente:

-       Nos centramos en el problema y tendemos a magnificarlo, le damos 1.000 vueltas (normalmente en círculo volviendo una y otra vez a las mismas conclusiones), etc.

-       Tendemos a juzgar o a juzgarnos. Buscamos faltas, errores, culpables…

-       Hacemos simplificaciones excesivas, tendemos al blanco/ negro, a la dramatización…

-       Insistimos en conocer el por qué, tendemos al victimismo…

-       Tendemos a abordar las situaciones de manera general y global

A diferencia de cuando nos ocupamos de forma responsable y madura de algo en que:

-     Nos centramos en la búsqueda de soluciones, la reparación o la prevención.

-     Tendemos a relativizar, a no agrandar el problema, a analizar de forma objetiva y racional…

-     Intentamos comprender en lugar de juzgar,

-     Tenemos en cuenta la complejidad, intentamos ver las cosas desde diferentes ángulos…

-     Nos enfocamos más bien en el futuro, miramos hacia adelante en lugar de hacia atrás, buscamos el “cómo” (¿cómo puedo hacer para mejorar X o para sentirme mejor?) en lugar del “por qué” (¿por qué me pasa esto?, ¿por qué fulanito/a no entiende esto o no hace lo otro?, etc.)

-     Tendemos a abordar las situaciones paso a paso, y de forma concreta.

martes, 12 de junio de 2012

La actualidad explicada por una niña de 12 años


Los políticos van de aquí para allá haciendo declaraciones que, al poco tiempo, desmienten. Se están haciendo los “deberes” pero el paro no se detiene y las noticias que nos llegan son cada vez más alarmantes. Los bancos tienen pérdidas millonarias y tenemos que rescatarlos. A los parados, al parecer no. ¿Qué está sucediendo realmente en el mundo? Bueno, dejemos que nos lo explique esta niña canadiense de 12 años en el siguiente enlace (podéis verlo con subtítulos apretando la tecla CC debajo del vídeo):

Sí, hoy nos salimos un poco de la temática habitual de ese blog, pero creo que el momento que estamos viviendo lo pide a gritos. A veces, mirar a otra parte simplemente no es posible.


jueves, 7 de junio de 2012

No te rindas

  A pesar de que las noticias económicas y políticas no alimentan la esperanza, a pesar de que a veces no vemos horizontes y nos sentimos abrumados, a pesar de que sabemos que a veces la vida es un duro esfuerzo, a pesar de eso y quizá por eso, no te rindas…  Yo te pido que por un instante, al menos, olvides tus pesares y te dejes transportar por la magia de las palabras de ese bello poema de Mario Benedetti, adonde quiera que éstas te lleven, sin miedo a sentir, sin miedo a la vida…