miércoles, 29 de agosto de 2012

Sugerencias antidepresivas


He aquí algunas sugerencias que pueden resultar útiles para combatir o prevenir la depresión:

§  No permanecer en la cama más allá del horario habitual de levantarse

§  Realizar actividades que antes de la depresión proporcionaban placer y satisfacción.

§  Actuar, moverse, hacer cosas. La acción es un potente antidepresivo

§  Realizar ejercicio físico.

§  Realizar actividades en la naturaleza

§  Cuidar el aspecto físico

§  Cuidar la alimentación

§  Cultivar unos buenos hábitos de sueño.

§  Reservar tiempo para nosotros mismos, para cuidarnos, para mimarnos. Hacer cosas “especiales” para nosotros mismos.

§  Ampliar el círculo de amistades y/o recuperar algunas de las que nos hemos alejado.

§  Expresar las emociones, compartir preocupaciones, ilusiones, etc. Abrirnos a los demás y al mundo, afrontando nuestro temor a ser rechazados, incomprendidos, etc.

§  Hacer cosas que nos hagan sentir útiles y nos impidan “mirarnos demasiado el ombligo”: por ejemplo, actividades de voluntariado, escribir un blog, trabajar en algo que al menos antes nos gustaba, ayudar a alguien, participar en algún proyecto cultural o colectivo, cuidar de algún animal de compañía, etc.

§  Prestar atención a la forma en que nos hablamos a nosotros mismos, procurando ser tolerantes y comprensivos con nuestras debilidades o carencias, con nuestros errores, con las necesidades de nuestro niño/a interior (aquella parte más frágil y vulnerable de nosotros mismos)

§  Sexualidad à no fingir deseo si no se tiene, valorar la alternativa de juegos sexuales sin llegar a un relación sexual completa.

§  Aprender a matizar, a ver las cosas en un continuum (en lugar de “blanco/ negro”)

§  Evitar cultivar el gusto por la tristeza. Para algunas personas frágiles puede ser como el sabor de la sangre para los vampiros.

§  Evitar cavilar, rumiar el “por qué” de las cosas, etc. En lugar de eso, intentar ver “cómo” se ha generado la tristeza, “cómo” podemos salir de ella, etc. o/y hacer un listado de los problemas o preocupaciones que nos roban la serenidad, que nos desbordan.

§  Aceptar la imperfección (de nosotros, de los demás y del mundo en general). El perfeccionismo desempeña un papel agravante en muchos trastornos.

§  Controlar los pensamientos sombríos, evitar entregarnos a la autocompasión.

§  Procurar tener personas con las que comentar los problemas, pero sin llegar al victimismo. Evitar hablar sólo de nosotros mismos y escucharles también a ellos/as en sus preocupaciones cotidianas, anhelos, etc.

§  Estimular el cerebro à asistir a charlas interesantes, ver documentales inteligentes, leer blogs que nos aporten cosas, ir al teatro, visitar museos, viajar, etc.

§  Ver la tristeza (suave) como una amiga que al tiempo que nos señala nuestras debilidades y límites, nos incita a disfrutar de la vida en el presente

 

domingo, 26 de agosto de 2012

Vivir sin jefe


Vivir sin jefe, es decir, crear tu propio puesto de trabajo puede ser una alternativa a la actual situación laboral. Un ingrediente importante para el éxito en esta empresa es hacer algo que te guste, que te apasione, no cualquier cosa sólo para sobrevivir. La motivación para la tarea en sí, y no únicamente para obtener dinero y pagar facturas, tiene que ser el combustible que te permita recorrer el camino para llegar a la meta. El camino puede ser largo, plagado de obstáculos (o no) pero si es un “camino con corazón”, como decía Castaneda, habrá valido la pena.

Trabajar en algo que te guste, además, es como no trabajar, mejor aún, como estar siempre dedicado/a a tus hobbies, ¡y obtener dinero con ello! Es no estar pendiente de si es lunes o viernes, de si las vacaciones de verano se acaban o empiezan, de si son las siete de la mañana o las cinco de la tarde, etc. Es poder terminar con esa odiosa “esquizofrenia” entre trabajo y ocio, y fundirlos en uno solo. ¿Difícil? Tal vez, pero no imposible. Hay muchas personas que lo consiguen, ¿por qué no puedes ser tú una de ellas?

Sergio Fernández nos lo cuenta en esa entrevista publicada en youtube:


martes, 21 de agosto de 2012

¿Qué hacer para que (mi pareja, mi hijo, mi jefe, mi vecino, etc.) cambie?


Algunas preguntas deben reformularse. De lo contrario, entramos en un círculo vicioso del que no salimos. Digámoslo claro, ni yo (ni tú, ni nadie) podemos cambiar a otra persona si no quiere. Y para que quiera, deberá percibir que obtiene algún beneficio del cambio, o que sufre alguna pérdida (o, simplemente, a partir de ahora no va a conseguir los beneficios esperados) si no cambia. Y es ahí donde podemos incidir, únicamente ahí, aumentando o disminuyendo la probabilidad de que ese cambio deseado ocurra. En otras palabras, primero cambiamos nosotros. Y luego, puede ocurrir que:

  1) Como resultado de nuestro cambio, el otro/a también cambie en alguna medida. Por ejemplo, tu hijo adolescente se niega a limpiar su habitación, y tú (en lugar de largarle un sermón como acostumbrabas a hacer) le anuncias que si no lo hace no le vas a dejar salir con sus amigos este fin de semana, y él/ella rectifica su actitud.

  2) La otra persona no cambia, pero al cambiar nosotros nuestra actitud frente al comportamiento del otro/a:  a) nos sentimos mejor y,    b) liberamos energía para emplearla en otras cosas más productivas,    Por ejemplo, tu jefe te trata mal, te echa broncas inmerecidas, etc. y tú (en lugar de callarte y darle después mil  vueltas en tu cabeza) esta vez  le expresas tu malestar de forma asertiva. Él te dice que eres muy susceptible y no te hace ningún caso. Pero tú,  te sientes mejor por haber sido capaz de defenderte de alguna manera, de haber plantado cara a la situación. Piensas que has hecho lo correcto a pesar de todo. Y, en lugar de malgastar energía lamentándote, decides que no le vas a dar tanta importancia de ahora en adelante y que intentarás mejorar tu vida de otras maneras.

3) No conseguimos nada de lo anterior pero, al menos hemos aprendido algo y podemos seguir probando nuevas opciones hasta conseguir algún avance,   Por ejemplo, tu vecino te molesta poniendo la música muy alta y tú (en lugar de callarte como otras veces) le pides que, por favor, baje la música. Se niega y tú te sientes igual o peor, pero has aprendido que por esta vía no vas a conseguir nada y decides probar otra cosa (llamar a la guardia urbana, ponerte tapones en los oídos, etc.)

 4) No sólo no conseguimos nada positivo sino que, incluso, la situación empeora. En este caso, podemos:      a) intentar discernir si este “empeoramiento” es tan sólo un efecto secundario de un cambio positivo que se dará a más largo plazo, en cuyo caso debemos mantener nuestra posición y esperar (por ejemplo, alguien nos manipula a través de la culpa y al mostrarnos más asertivos, esta persona aumenta su “apuesta”, es decir, intenta hacernos sentir todavía más culpables. Si en ese momento, nos echamos para atrás, la conducta negativa del otro se hará más resistente, pero si sabemos mantener nuestra postura con firmeza el tiempo suficiente, su conducta se debilitará)    b) echar marcha atrás y probar nuevas opciones si creemos que nos hemos equivocado. Por ejemplo:   a) volviendo al primer caso del adolescente que no limpia su habitación, al decirle que le vas a castigar si no lo hace, se pone a vociferar y pegar patadas a su armario. Decides, no obstante, que has hecho lo correcto y que sólo es cuestión de esperar a que vea que la cosa va en serio y no te dejas intimidar, o     b) en el caso del jefe maltratador, ves que al quejarte todavía se ensaña más contigo, con lo cual decides que es mejor ir buscando otro trabajo (o hacerle la pelota para ver si así te deja en paz)

De alguna manera, en todos estos ejemplos en lugar de lamentarte y/o esperar que el otro “entre en razón” o “se enamore de ti y cambie”, o “madure”, o el psicólogo te dé alguna fórmula mágica para hacerle cambiar, etc. etc. te das cuenta de que únicamente tú puedes “mover ficha” y eso independientemente del grado de razón que te asista. En otras palabras, no importa lo justa o injusta que sea la conducta del otro: si tú esperas que el cambio venga de fuera, sin más, eso con toda probabilidad no va a ocurrir. Todo lo más que puedes esperar es que los demás te den la razón o te compadezcan, es decir un premio de consolación, pero la situación no cambiará si tú no haces algo diferente.

Finalmente, añadir que cuando deseamos un cambio (propio o ajeno) ha de formularse preferentemente en términos de una conducta concreta, no de manera de ser, de pensar o de sentir. Por ejemplo, si tu pareja no ayuda en las tareas de la casa, no esperes que sea más “responsable” o que “entienda” que tú ya estás haciendo muchas cosas sino, más bien, plantéate como objetivo simplemente que te ayude en las tareas de la casa (con un poco de suerte, entenderá quizás que eso es lo justo pero si no lo hace…)


miércoles, 8 de agosto de 2012

Al final, lo que realmente cuenta es lo que hacemos

 
De buenas intenciones está empedrado el infierno, hemos oído decir muchas veces. Y es totalmente cierto. Podemos saber, podemos ser plenamente conscientes de, podemos hasta tener un montón de teorías muy bonitas sobre lo que debemos hacer y no hacemos (o viceversa), pero todo ese conocimiento de nada nos servirá si no actuamos. O tal vez sí, pero sólo para sentirnos temporalmente mejor con el insight, con la luz  que nos ilumina por unos instantes fugaces (“ajá, entonces era eso!” o “ahora comprendo” o “esto es justo lo que me pasa”, etc.) y/o para autoengañarnos a nosotros mismos pensando que algún día lo haremos y así eliminar remordimientos o culpas. Es como cuando leemos un libro de autoayuda, nos gusta mucho, nos hace sentir mejor pero… después todo sigue igual, ¿por qué? Pues porque no hemos hecho nada, nos hemos limitado a leer y recrearnos en unas frases muy bonitas pero luego el libro se ha quedado olvidado en un rincón de nuestras estanterías y no hemos puesto en práctica ni uno solo de sus consejos.

Entonces, muy bien, ahora ya lo sabes (lo que sea que tengas que saber, que el tabaco provoca cáncer o que deberías hacer X o Y) pero ¿qué vas a hacer? Tienes muy buenas intenciones, ideas muy claras, pensamientos muy profundos pero ¿vas a hacer algo? Si no lo haces, el resultado va a ser el mismo que si no supieras nada. Por más que pontifiquemos, al final lo único que realmente contará será aquello que seamos capaces de empezar y terminar. ¿Una perogrullada? Si, tal vez pero creo que es útil recordarlo.

Y terminaré con una frase  de Ernie J. Zelinski, de su (altamente) recomendable libro “101 cosas que ya sabes pero siempre olvidas”: el mundo necesita más gente que haga cosas en lugar de los que sólo saben cómo pueden hacerse y se limitan a hablar de ello.

Si sabes, por ejemplo, que fumar mata pero sigues fumando es igual que si no lo supieras. Y, personalmente, me da mucha rabia cuando alguien dice “sí, si, ya sé que lo debería hacer pero no sé por qué no lo consigo hacer”