domingo, 28 de octubre de 2012

El momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer

 Muchas veces en el curso de nuestra vida tenemos que lidiar con frustraciones y decepciones. En algunos momentos, podemos sentir una profunda desesperación, ganas de dejarlo todo y de no seguir luchando. Nos sentimos indefensos, extremadamente vulnerables, nos preguntamos si lo que hicimos valió la pena, si nuestra vida tiene sentido, si algo tiene sentido. Pensamos en  aquellos proyectos que un día nos ilusionaron y que, creemos, nunca se realizarán. Pensamos en las ilusiones que compartimos con nuestros seres queridos, sentimos pena por ellos y por nosotros, una profunda tristeza, un dolor sordo en el alma. Sentimos rabia también, mucha rabia hacia aquello o aquellos que injustamente, pensamos, se interpuso o se interpusieron en nuestro camino.
A veces, el drama es personal, sólo nos involucra a nosotros o a un reducido número de personas: circunstancias de la vida, momentos amargos que a todos nos toca alguna vez vivir. Con el tiempo y, con un poco de suerte, salimos reforzados de todo ello, nos volvemos más sabios, más tolerantes, más humanos. Incluso, tal vez, aquello que un día percibimos como una desgracia nos damos cuenta, después, de que nos dio energía para conseguir algo mejor, para ir más lejos, para no acomodarnos. Fue duro pero no tiramos la toalla y valió la pena. En cualquier caso, el tiempo suele mitigar el dolor de la pérdida y nos ayuda a encontrar otros horizontes hacia los que caminar, a tejer nuevos sueños. Y nos sentimos de nuevo formando parte de la vida. De alguna manera, todos tenemos que resignarnos a lo inevitable, a aquellos azares de la vida que nadie puede eludir. Pero también tenemos que luchar por aquello que sí es evitable o por aquello que podemos mejorar.
Otras veces, el drama es colectivo. Una guerra, una catástrofe natural, una crisis económica… Debemos, entonces, aunar esfuerzos, ser solidarios, ayudarnos, poner lo mejor de nosotros mismos para salir de la desgracia, tener coraje. No es momento para la indiferencia, para la pasividad, para el escepticismo del “¿y para qué, si no vamos a conseguir nada?”, para la cobardía, para mirar a otro lado, para refugiarnos en nuestros pequeños mundos personales, etc. Y menos aún, para delegar responsabilidades en “gurús” o figuras de autoridad que  nos manipulan en provecho de sus propios intereses partidistas, que dicen y no hacen, que a menudo seducen con palabras vacías y que, como la historia ha demostrado en repetidas ocasiones, pueden llevar al abismo a todo un pueblo, a un continente entero.
Pues bien, todos sabemos que en estos momentos, no hace falta que me extienda en detalles, estamos viviendo una crisis sin precedentes en la historia de nuestra “democracia” reciente, una crisis que se está llevando por delante derechos fundamentales que generaciones precedentes conquistaron con duro esfuerzo. Y que, lo peor de todo, amenaza con llevarse muchos más. Aunque haya mucha gente indignada, que no se resigna, que protesta, que lucha… por momentos, parece que no haya salida, que todo esté perdido.
Pienso que no podemos permanecer neutrales, que debemos tomar partido. Todos y cada uno de nosotros, sin excepción. Desde aquí os animo a que cada uno encuentre su forma personal de contribución, el grano de arena que pueda aportar. Y a quienes os pueda interesar, quiero informaros a título personal de que ayer sábado un grupo de personas en Vilassar de Mar nos hemos adherido al Front Cívic de Catalunya, movimiento de reivindicación que forma parte de una red que pretende abarcar a toda España. Si queréis más detalles, podéis entrar en http://www.frontcivic.cat/es/ y, a nivel de España, en http://colectivoprometeo.blogspot.com.es/ de dónde partió la idea. 
La noche es oscura, pero como alguien dijo muy sabiamente “el momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer”. Entre todos, y cada uno a su manera y como pueda, tenemos que hacer posible este amanecer. Lo necesitamos, lo debemos a quienes nos han precedido en esta lucha.

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